Después de un viernes marcado por la diversidad de estilos y un sábado entregado al rock, el Río Babel volvió a cambiar de piel para despedir su edición de 2026. La última jornada apostó por el pop, la electrónica y los ritmos latinos en un domingo que convirtió el Auditorio Miguel Ríos en una gran pista de baile al aire libre. El ambiente festivo que todavía se respiraba tras el fin de semana del Orgullo en Madrid terminó de redondear una jornada pensada para celebrar la música sin etiquetas.
Una de las alegrías de este domingo llevó el nombre de Tú peleas como una vaca. Viejos amigos de Toma la Alternativa, los madrileños fueron los encargados de inaugurar el escenario Vivo, uno de los dos principales de Río Babel, en una oportunidad que aprovecharon con un directo lleno de energía. Después de haber seguido su evolución durante años, nos hizo especial ilusión verles dar un paso más y comprobar que el trabajo constante también tiene recompensa. Pese al sol abrasador, no fueron pocas las personas que se pasaron por curiosidad y se quedaron hasta el final atrapadas por los temazos del dúo.

Con el paso de las horas, el festival volvió a demostrar que su verdadera fortaleza está en la mezcla. Artistas de procedencias y estilos muy distintos compartieron protagonismo en una programación que nunca dejó de mirar hacia Latinoamérica sin perder de vista el pop y la electrónica más actuales.
Antes de que todas las miradas se dirigieran hacia Katy Perry, Yami Safdie fue la encargada de calentar el ambiente en el escenario Johnnie Walker. La artista argentina conquistó al público con una propuesta íntima y cercana, demostrando por qué se ha convertido en una de las voces emergentes más interesantes del pop latino.

Uno de los conciertos más estimulantes de la tarde fue el de Bomba Estéreo. La banda colombiana volvió a demostrar por qué sigue siendo una referencia cuando se habla de mezclar electrónica y ritmos latinoamericanos sin perder personalidad. Su directo fue creciendo poco a poco hasta desembocar en uno de los momentos más celebrados de la jornada, cuando sorprendieron al público con un remix de «Fuego» que terminó convirtiendo el recinto en una auténtica fiesta. Hubo tiempo también para un grito catártico colectivo, uno de esos instantes en los que miles de personas terminaron compartiendo la misma energía al mismo tiempo.

Pero si había una artista sobre la que recaían todas las miradas, esa era Katy Perry. La estadounidense protagonizó uno de los momentos más esperados de todo el fin de semana y respondió con un espectáculo pensado para el gran público, enlazando algunos de los mayores éxitos de su carrera con una puesta en escena muy efectista. Desde los primeros compases de California Gurls quedó claro que el Auditorio Miguel Ríos estaba dispuesto a acompañarla hasta el final.
Más allá del repertorio, Katy Perry convirtió el concierto en un continuo intercambio con el público. Hubo bromas, guiños al ambiente festivo que todavía se respiraba tras el fin de semana del Orgullo en Madrid e incluso llegó a animar a los asistentes a desnudarse para combatir las altas temperaturas, provocando las risas de un público que ya estaba completamente entregado al espectáculo. Uno de los momentos más surrealistas y divertidos de la noche llegó cuando la cantante se introdujo en una enorme botella hinchable y fueron los propios asistentes quienes la desplazaron por encima del público hasta una gigantesca pajita situada junto al control de sonido, dejando una de las imágenes más curiosas de toda la edición del festival.

Aunque muchos dieron por terminada la noche tras el concierto de la estadounidense, La Casa Azul fue la encargada de bajar definitivamente el telón de Río Babel 2026. Y lo hizo como mejor sabe: convirtiendo el escenario en una pista de baile colectiva. Guille Milkyway y los suyos enlazaron himnos imprescindibles del pop nacional con una puesta en escena luminosa y festiva que sirvió para despedir tres días de música de la mejor manera posible: bailando y cantando hasta el último minuto.

Con los últimos acordes todavía resonando en el Auditorio Miguel Ríos, Río Babel echó el cierre a una nueva edición dejando claro por qué sigue ocupando un lugar especial en nuestro calendario. En apenas tres días hemos pasado del folk al reggae, del punk al pop, de la cumbia a la electrónica, compartiendo recinto con públicos de todas las edades y procedencias. Pocos festivales consiguen hermanar tantos estilos y tantas maneras de vivir la música con tanta naturalidad.
Nos marchamos del Auditorio Miguel Ríos con la misma sensación que tuvimos al terminar las dos jornadas anteriores: agotados, felices y con la certeza de que Río Babel sigue creciendo sin perder aquello que lo hace diferente. Ahora solo queda empezar la cuenta atrás para volver a encontrarnos el año que viene. Recordad que también podéis revivir las crónicas de la primera y segunda jornada en nuestro blog.
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