Un año más, con la llegada del mes de julio, llegaba también una ola de eclecticismo musical llamada Río Babel. La cita comenzó el pasado viernes 3 de julio cuando el calor abrasador no impidió que miles de almas peregrinaran al Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid. Hay imágenes capaces de resumir lo que estaba por venir, mucho antes de que suene la primera nota. En el estreno de Río Babel 2026 fue la de decenas de seguidores de Ultraligera (último concierto de la jornada) soportando un sol de justicia, con temperaturas cercanas a los 40 grados, aferrados a la primera fila para no perder un sitio que no abandonarían en toda la tarde. Una declaración de intenciones que habla tanto del momento que vive la banda madrileña como de un público dispuesto a disfrutar de un viernes que prometía mucho.
Con ese calor sofocante como compañero de viaje, el repetidor Auditorio Miguel Ríos comenzó a llenarse de un público tan diverso como el propio cartel. Porque si algo volvió a demostrar el Río Babel fue que sigue siendo uno de los pocos festivales capaces de enlazar propuestas completamente diferentes sin perder su identidad. Del pop al folk, de la cumbia al reggae, del ska al indie rock, cada actuación encontraba su sitio dentro de una programación tan variada como coherente. Eclecticismo en estado puro.

Con el paso de las horas, el recinto fue llenándose de público mientras se sucedían las primeras actuaciones de una jornada que no iba a dar apenas respiro. Bandalos Chinos demostraron por qué son una de las bandas argentinas más interesantes del panorama actual.

Entre los descubrimientos más agradables de la jornada estuvo el directo de Iseo & Dodosound. El dúo navarro conquistó el escenario Vivo con un concierto envolvente, elegante y repleto de buenas vibraciones. Sin duda, su propuesta, en la que conviven reggae, dub, electrónica y sonidos urbanos, conecta cada vez con un público más amplio. En paralelo, directamente desde Ecuador, Machaka abrió el escenario Ambar poniendo el acento latino a la tarde. Lo suyo fue una descarga de cumbia que invitó al baile desde el primer momento.

Uno de los momentos más especiales de la tarde llegó de la mano de Chambao. La banda liderada por La Mari y su sonrisa perpetua, celebró en el río Babel sus 25 años de trayectoria. En esta gira tan especial, recordaron que su particular manera de entender la música sigue formando parte de la memoria musical de varias generaciones. Más que mirar al pasado, el grupo convirtió el concierto en una celebración compartida junto a un público que respondió coreando muchas de sus canciones. Porque seas o no fan de Chambao, es innegable que su música forma parte de las bandas sonoras de nuestras vidas.

A continuación, la inquietud del público que ya llenaba el recinto indicaba que llegaba uno de los conciertos más esperados del día. Amaia volvió a demostrar que no necesita grandes artificios para mantener al público completamente embelesado. Entre bromas, piano, arpa, un karaoke improvisado y el guiño de modificar la letra de «Me pongo colorada», llegó uno de los momentos más bonitos de la jornada. «Ya está» sumió al Auditorio Miguel Ríos en un silencio poco habitual en un festival de estas dimensiones. Sin duda fue una de esas escenas que hablan por sí solas de la conexión entre una artista y su público.

Y casi sin tiempo para respirar, La M.O.D.A. saltó al escenario para inundarlo de su buen rollo. Con su estilo tan característico a medio camino entre el rock y el folk, la banda presentó su nuevo disco, pero también tuvo tiempo para hacer un repaso por sus coreados temas clásicos. La música también dejó espacio para la reivindicación. Los burgaleses, quienes tuvieron al público en el bolsillo desde el principio de su concierto, cedieron el micrófono durante uno de los momentos más aplaudidos de su actuación para hacer un alegato en favor de la educación pública

Un alegato que también hizo La Pegatina, recordando que un escenario también puede servir para dar voz a mensajes que van más allá de las canciones. Más allá de estas necesarias reivindicaciones, La Pegatina tiró de experiencia para mantener la fiesta en todo lo alto como ya es costumbre. Los barceloneses trajeron pura verbena al Babel y el público, lejos de dejarse llevar por el cansancio, se lo gozó al máximo. Además, la banda recordó con humor aquella edición de Río Babel en IFEMA en la que compartieron cartel con Bad Bunny, una anécdota que ya forma parte de la historia del festival.

Y entonces llegó el momento que muchos llevaban esperando desde primera hora de la tarde. Ultraligera jugaba en casa y eso se notaba desde mucho antes de que aparecieran sobre el escenario. Los seguidores que habían resistido durante horas en primera fila tuvieron la recompensa que esperaban cuando la banda madrileña irrumpió con la explosividad de «Lapsus», desatando la euforia desde el primer acorde. A partir de ahí, el concierto mantuvo la intensidad de principio a fin y confirmó el excelente momento que atraviesa el grupo. Uno de los instantes más celebrados llegó cuando Gisme abandonó el escenario para cruzar buena parte del recinto y subir hasta la parte más alta de la grada, desde donde continuó cantando frente a sus compañeros y a un público completamente entregado.

Así concluyó una primera jornada que volvió a demostrar por qué Río Babel tiene un hueco especial entre los festivales que visitamos cada verano. Más allá de los nombres del cartel, sigue siendo un lugar donde conviven con total naturalidad generaciones, acentos y estilos musicales muy distintos.
Volvimos a casa agotados, todavía con canciones resonando en la cabeza y conciliar el sueño no fue tarea fácil, pero tampoco había demasiado tiempo para hacerlo: en apenas unas horas tocaba volver al Auditorio Miguel Ríos para comprobar si el segundo asalto podía estar a la altura del primero. Muy pronto, volvemos con al crónica de la segunda jornada del festival. Mientras tanto, os dejamos con una galería con las mejores imágenes de la jornada:
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