Después de dos días de festival y varias horas de música a las espaldas, tocaba averiguar si realmente podíamos ser héroes también del sábado. Y la respuesta llegó bastante pronto, porque si algo no contempla un festival como el Gigante es eso de quedarse en la cama hasta que el cuerpo se recupere.
Tras una inesperada batucada, Kitai se encargó de recordárnoslo desde primera hora con un auténtico conciertazo en la Plaza del Ayuntamiento. Porque si alguien pensaba que un sábado por la mañana era demasiado pronto para ponerse a saltar, los madrileños tenían otros planes. Energía, guitarras y actitud para arrancar el último día como si todavía nos quedaran tres por delante. Y, si total, de algo hay que morirse.

Ya por la tarde en el recinto, Septeto Santiaguero puso el toque cubano en el escenario Mahou bajo un sol que imponía a los allí presentes que buscaban cualquier sombra para refujiarse. Un cambio de tercio en toda regla que consiguió que el cuerpo empezase a moverse por iniciativa propia y que nos recordó que, a estas alturas, en el Gigante cualquier género puede acabar encontrando su hueco en nuestra pista de baile improvisada.

Con Queralt Lahoz llegó otra dosis de intensidad. “Me duele el corazón de quererte tanto” fue uno de los momentos más celebrados de su concierto. Y si había que demostrar hasta dónde podía llegar el entusiasmo, allí estaba el pogo patrocinado por los Pollos Dagu (sí, sabemos que los huevos los ponen las gallinas, pero cualquiera que haya estado en el Gigante sabe que lo que hay son pollos… y punto en boca). Porque pocas cosas resumen mejor un festival que juntar una canción sobre el dolor del amor con un pogo y, de paso, meter a unos pollos en la ecuación.

Después llegó Delacueva, en el escenario Mondo Sonoro, en un concierto que arrancó con unos minutos de retraso, pero que rápidamente encontró su sitio. La banda de Manuel Delacueva está reeditando varios de sus grandes éxitos junto a amigos y colaboradores, y el directo nos permitió disfrutar de ese juego entre canciones conocidas y nuevas compañías. Entre ellas, Tere, que se sumó a la fiesta y dejó otro de esos momentos que hacen que un concierto sea algo más que una sucesión de canciones.
El momento freak llegó con “Cuando más te necesitaba”. En mitad de la canción apareció un pequeño regalo a la infancia de Manuel que se esconde entre sus versos: una referencia a la banda sonora de Digimon, acompañada por el inconfundible riff de la intro de la serie. Un guiño nostálgico que, para quienes crecimos con aquellas aventuras, fue imposible no recibir con una sonrisa.
El punto final lo puso Sandra Sabater, también integrante de Ginebras, esta vez con su proyecto en solitario Grasias, quien no dudó en subirse al escenario para acompañar a Delacueva en la segunda colaboración del concierto: “Me pareció ver un lindo gatito”.

En el escenario Vibra Mahou llegaba después Belén Aguilera, que abrió su concierto con “Hijo de la luna” y nos puso la piel de gallina con una interpretación etérea. A partir de ahí, la artista fue entremezclando sus propios temas con versiones llevadas a su terreno, entre ellas “The Phantom of the Opera”, interpretada con una intensidad casi teatral. Un concierto en el que Belén jugó con lo grandilocuente sin perder ese punto íntimo que hizo que termináramos completamente dentro de su universo.

Y casi sin poder respirar y teniéndonos que desdoblar, Casino Montreal nos permitió mirar un poco más hacia delante. La banda aprovechó su paso por el Gigante para adelantar varias canciones de su próximo trabajo, un disco que llegará próximamente y del que pudimos escuchar algunas de sus nuevas piezas. Pero también hubo espacio para echar la vista atrás con una versión de “La tormenta de arena” de Dorian, reconvertida en ese clásico momento de festival en el que una canción empieza a sonar y sabes que, quieras o no, vas a acabar cantándola.

Y llegó el turno de Ginebras, que nos propusieron un recorrido por sus tres discos y demostraron que detrás de sus canciones, del buen rollo y de esa capacidad innata para hacernos bailar, también hay espacio para hablar de lo que no siempre resulta tan fácil de contar.
A mitad del concierto, las Ginebras bajaron el ritmo para detenerse en esas canciones que hablan de salud mental, creando un pequeño paréntesis dentro de la fiesta para reposar, parar un momento, dejar salir todos esos males que nos acechan… y también algún grito. Un recordatorio de que no todo tiene que ser fiesta y que también está bien bajar el ritmo, respirar y reconocer aquello que nos pesa. Y en ese momento, Juls estuvo muy presente a pesar de no estar detrás de la batería. La batería la ocupó Kat, que tomó su lugar durante estos conciertos mientras Juls se está tomando un tiempo para cuidar, precisamente, su salud mental. Un gesto que convirtió el propio mensaje de las canciones en algo todavía más cercano y real: parar también es avanzar, y cuidarse también forma parte del camino.
Eso sí, tras ese momento de intensidad, el concierto terminó por todo lo alto y es que el día lo merecía ya que Magüi, vocalista de la banda cumplía años. ¡Felicidades!

Y si después de todo aquello alguien pensaba que íbamos a terminar la noche tranquilamente, Zahara Rave tenía otros planes.
Zahara convirtió el escenario en una auténtica pista de baile y llevó sus canciones a un terreno completamente diferente, mucho más electrónico y desatado. Las luces, las bases y el público hicieron el resto. Y entre todo aquel despliegue aparecieron también las proyecciones de Samantha Hudson, lanzando sus mensajes desde las pantallas y sumándose al discurso de una rave concebida para bailar, liberarse y dejarse llevar.
“Baila como si se acabara el mundo”, nos decía una de aquellas imágenes. Y quizá no hacía falta mucho más para entender cómo quería Zahara que terminásemos el festival.

Aunque todavía no habíamos terminado. Porque faltaba la tía Enriqueta.
Y acompañando a la tía Enriqueta, Chimo Bayo. Porque después de tres días de festival, ¿qué mejor manera de despedirse que con semejante pareja de baile? Un último ¡Hu-ha! antes de dar por terminado el Gigante.

Y hasta aquí, nuestro repaso a la pasada edición del Festival Gigante. El año que viene volveremos a reencontrarnos con Guadalajara del 26 al 28 de agosto en lo que promete ser una edición de récord con los primeros abonos ya agotados. Mientras tanto, os dejamos con las mejores imágenes de la última jornada:
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