Si el jueves terminábamos hablando de vida, baile y resaca, el viernes tocaba afrontar las consecuencias de una noche que había dado mucho de sí. Con las piernas todavía negociando con nosotros y la noche anterior aún presente en la memoria, pusimos rumbo al Gigante dispuestos a seguir exprimiendo el festival. Y si tras la fresca noche anterior, algunos fantasmas del pasado en forma de lluvias parecían querer regresar, parecía que finalmente esta vez el clima estaba dispuesto a ponérnoslo un poquito más fácil.
La jornada comenzó con los ya tradicionales conciertos gratuitos de la Plaza del Ayuntamiento que este año además estrenó una enorme carpa que sirvió como resguardo del sol para los asistentes. , con Las 126. Sandra Bautista abrió este espacio con el que el festival volvía así a extenderse más allá de su recinto principal y a llevar la música hasta el corazón de Guadalajara, una fórmula que funciona especialmente bien para empezar el día sin necesidad de ponerse todavía la pulsera en modo supervivencia. Junto a dulzura y magnetismo, estuvieron La 126, banda que puso patas arriba la Plaza Mayor anticipando lo que viviríamos más tarde en el recinto.
Ya en el recinto tras reponer fuerzas, The Molotovs fueron una de esas propuestas capaces de recordarnos que el rock británico sigue teniendo una cantera dispuesta a recoger el testigo. El dúo londinense formado por los hermanos Mathew e Issey Cartlidge descargó su particular combinación de punk, rock, garage y actitud, con influencias que van desde The Sex Pistols y The Jam hasta Oasis, Pulp o The Libertines. Y si algo quedó claro es que, aunque todavía estén escribiendo los primeros capítulos de su historia, tienen tablas de sobra para defenderse sobre un escenario. Poco importó el sol abrasador (más allá que lo que sufrimos por su piel), porque la banda consiguió meterse en el bolsillo a un buen puñado de valientes.

Después llegaría Aiko El Grupo, con esa fórmula que tan bien manejan: canciones directas, actitud irreverente y un directo que parece tener siempre prisa por llegar al siguiente golpe de efecto. Una propuesta que convirtió el escenario en otro de esos lugares en los que la resaca del día anterior deja de importar durante unos cuantos minutos.

El siguiente alto en el camino nos llevaba hasta Repion, una de las bandas que más ganas teníamos de ver. Las hermanas Marina y Teresa Iñesta (esta última casi sin tiempo para reponerse tras su set con Aiko) volvieron a demostrar por qué su nombre se ha convertido en uno de los imprescindibles de la escena alternativa nacional. Su intensidad, sus guitarras y esa mezcla de melodía y rabia que las caracteriza hicieron el resto.
Pero hubo algo que volvió a marcar la diferencia: el intercambio de instrumentos y roles entre ambas. Porque en Repion nada parece estar escrito en piedra. Teresa puede abandonar por un momento la batería para ponerse con la guitarra, Marina puede cambiar de posición y las dos siguen funcionando con esa complicidad que solo se consigue después de tantos años compartiendo canciones y escenario. Un pequeño juego de sillas que, lejos de ser anecdótico, demuestra hasta qué punto ambas dominan su instrumento y entienden la música de la otra.

Y cuando el viernes ya había cogido velocidad de crucero, llegó uno de los grandes momentos de esta edición: La M.O.D.A.. Los burgaleses aterrizaban en el escenario Gigante para volver a demostrar que pocas bandas tienen una relación tan especial con el directo y con su público. Y vaya público, porque ahora sí, el recinto estaba a pleno rendimiento.Con más de una década de trayectoria a sus espaldas y una colección de canciones convertidas ya en himnos compartidos, su concierto fue uno de esos en los que resulta difícil distinguir dónde termina el escenario y dónde empieza el público.
Entre guitarras, acordeones, mandolinas y banjos, La M.O.D.A. fue construyendo ese universo tan reconocible que ha hecho de sus conciertos una celebración colectiva. Y entonces llegó “Campos amarillos”, una canción que adquiría un significado todavía más especial en un verano como éste de 2026, marcado una vez más por los incendios que han arrasado miles de hectáreas de nuestra tierra. La canción se convirtió así en un inesperado pero necesario punto reivindicativo, con un mensaje que los asistentes recibimos y devolvimos con un aplauso unánime.

Y casi para terminar la noche, llegó uno de los platos fuertes del festival: Ultraligera. En el recinto no cabía ni un alma y, a esas alturas, aquello ya era una auténtica locura. Fue, sin duda, el concierto que más gente consiguió reunir de todo el festival, y los chicos de Ultraligera salieron dispuestos a aprovecharse de semejante panorama. Guitarras arriba, gente saltando y un escenario que parecía no tener un solo centímetro libre a su alrededor.
A esas horas ya daba bastante igual el cansancio, las horas acumuladas o aquella resaca que habíamos arrastrado desde el jueves. Habíamos venido a un festival y tocaba comportarse como tal. Ultraligera puso la banda sonora y nosotros hicimos nuestra parte: cantar, saltar y dejarnos la poca energía que nos quedaba allí mismo.
Y, en medio de todo ese desparrame, llegó un momento especialmente bonito: la medianoche nos regaló una luna llena recortándose frente al escenario mientras sonaban los chicos de Ultraligera. Entre el ruido, las luces y miles de personas apretadas frente al escenario, aquel cielo parecía haberse reservado su propio momento para nosotros. Una de esas estampas que difícilmente entran en un setlist, pero que terminan formando parte de lo que uno recuerda de un festival.

Por si después de todo esto aún nos quedaba algo de energía, Ortiga cerró los escenarios principales llevando a Guadalajara el espíritu de una verbena. Entre la electrónica y los ritmos latinos más tradicionales, sin dejar de lado esos toques urbanos, esta formación gallega nos puso a bailar hasta bien entrada la madrugada en un derroche de buen rollo que fue perfecto como despedida.

Con la luna ya bien arriba, pusimos el punto final a nuestra jornada, tocaba recoger los restos de dignidad que nos quedaban y asumir que el viernes también había dado todo de sí.
Aún nos quedaba averiguar si podríamos ser héroes también del sábado. Mientras, os dejamos una selección de las mejores imágenes de la jornada:
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