Crónica Mad Cool 2026: pop, rock y leyendas para 4 días inolvidables

Foo Fighters, Florence + The Machine, Twenty One Pilots, Pulp o el concierto sorpresa de Arde Bogotá marcaron una edición que volvió a demostrar el potencial del Mad Cool, aunque también dejó algunos deberes pendientes para el futuro.

Hablar del Mad Cool es hablar de uno de los festivales más importantes de Europa. Año tras año, el evento madrileño reúne a algunas de las figuras más destacadas del panorama internacional y vuelve a convertir la capital en el epicentro de la música durante cuatro intensas jornadas. La edición de 2026 no fue una excepción. Con un cartel tan ecléctico como ambicioso, el festival volvió a demostrar que hay espacio para el rock más clásico, el pop de estadio, el indie, la electrónica y las nuevas generaciones de artistas.

Más allá del apartado musical, el recinto volvió a ofrecer una experiencia cómoda para el público. La distribución de servicios, las zonas de descanso y la movilidad entre escenarios continúan siendo algunos de los grandes puntos fuertes del festival. Sin embargo, no todo fue perfecto. El solape entre algunos de los principales conciertos y, sobre todo, las interferencias de sonido entre determinados escenarios fueron algunas de las principales quejas de los asistentes.

Con todo, fueron cuatro días repletos de grandes conciertos, momentos inesperados y actuaciones que permanecerán durante mucho tiempo en la memoria de quienes llenaron el recinto.

Miércoles 8 de julio: Foo Fighters reinan en una jornada marcada por la sorpresa de Arde Bogotá

El Mad Cool abrió sus puertas con una jornada marcada por las altas temperaturas y un cartel capaz de reunir desde algunas de las bandas con mayor proyección del rock actual hasta auténticas leyendas del género. Pese al calor, el público respondió desde primera hora y convirtió el recinto en un ir y venir constante entre escenarios, dejando claro que la primera jornada prometía emociones fuertes.

Las encargadas de dar el pistoletazo de salida a nuestra aventura fueron The Warning. El trío mexicano volvió a demostrar por qué es una de las bandas con mayor proyección del rock actual. Con una actitud arrolladora y una descarga de riffs capaces de hacer olvidar por momentos el sofocante calor, las hermanas ofrecieron un concierto sólido y lleno de intensidad. Su crecimiento en los últimos años resulta innegable, aunque la sensación que nos dejaron fue que un escenario de las dimensiones del principal todavía les queda ligeramente grande. No por falta de talento, sino porque su propuesta gana todavía más fuerza en espacios donde la cercanía con el público multiplica su impacto.

Sin apenas tiempo para recuperar el aliento llegó el turno de Wolf Alice, viejos conocidos del festival. La banda londinense volvió a confirmar el idilio que mantiene con el Mad Cool, conquistando desde los primeros compases a un público que respondió con entusiasmo. Con un elegante telón presidido por una gran estrella como único elemento escénico, Ellie Rowsell y los suyos construyeron una actuación tan delicada como contundente, alternando pasajes más íntimos con explosiones de ese rock alternativo que les ha convertido en una de las referencias del género.

Sin embargo, uno de los momentos más comentados de la jornada no figuraba, al menos oficialmente, en el cartel. Antes de que concluyera el concierto de Wolf Alice pusimos rumbo a una de las carpas del recinto. Desde primera hora del día, las redes sociales hervían con los rumores acerca de Bigger Splash, una misteriosa banda de la que no existía prácticamente ninguna información. La enorme cola que se había formado para acceder a la carpa hacía presagiar que algo importante estaba a punto de suceder. Y así fue. Bigger Splash no era otra cosa que Arde Bogotá, que regresaban al Mad Cool apenas un año después para ofrecer un concierto sorpresa con la excusa de presentar su nuevo sencillo.

El secreto duró apenas unos segundos. En cuanto Antonio García apareció sobre el escenario, la carpa estalló en una ovación y el público convirtió cada canción en un coro multitudinario. Además de estrenar su nuevo tema, la banda cartagenera tuvo tiempo para repasar algunos de los himnos que les han llevado a convertirse en uno de los nombres imprescindibles del panorama nacional.

Con la adrenalina todavía por las nubes, tocaba regresar al escenario principal para asistir al gran reclamo de la primera jornada. Foo Fighters no tardaron en demostrar por qué siguen siendo una de las bandas de rock más importantes del planeta. Desde el primer acorde, Dave Grohl contagió al público de una energía inagotable, liderando un concierto que apenas concedió un respiro durante más de dos horas. Una potente producción audiovisual acompañó una actuación repleta de clásicos, con un recinto completamente entregado que respondió a cada canción como si se tratara de un himno. Fue uno de esos conciertos que justifican por sí solos la asistencia a un festival y el mejor broche posible para una primera jornada que dejó el listón muy alto.

Jueves 9 de julio: el pop toma el relevo y Florence firma uno de los conciertos del festival

Si el miércoles estuvo dominado por las guitarras, el jueves cambió por completo de registro. La segunda jornada del Mad Cool apostó por un cartel mucho más orientado al pop, con grandes nombres internacionales que demostraron la enorme variedad estilística que caracteriza al festival.

La tarde comenzó en el escenario principal con Lorde, que regresaba a Madrid convertida en una de las actuaciones más esperadas del día. La neozelandesa apareció con una estética marcadamente deportiva, en contraste con una puesta en escena muy cuidada donde destacaban un gran monolito formado por pantallas suspendidas y una llamativa chaqueta cubierta de láseres. Fue una lástima que el intenso sol todavía bañara el recinto, porque buena parte de esos recursos visuales habrían ganado enteros bajo la oscuridad de la noche. Aun así, la artista no necesitó apoyarse únicamente en la producción para conquistar al público. Entregada desde el primer minuto, no dejó de recorrer el escenario durante todo el concierto y consiguió conectar con los miles de asistentes gracias a una interpretación llena de fuerza y emoción.

Sin apenas tiempo para asimilar lo vivido, tocó cambiar de escenario para encontrarnos con Zara Larsson. La sueca confirmó que su crecimiento como artista ya empieza a pedir escenarios de mayor tamaño. El espacio del escenario 2 se quedó claramente pequeño ante la enorme cantidad de público que quiso disfrutar de uno de los conciertos más festivos de la jornada. Rodeada de palmeras, flores y una escenografía de inspiración tropical, Larsson convirtió el escenario en una auténtica jungla pop en la que fueron sonando éxito tras éxito. El público respondió cantando prácticamente todo el repertorio y uno de los momentos más simpáticos llegó cuando invitó a un fan a subir al escenario para bailar junto a ella «Lush Life», desatando una de las mayores ovaciones de la tarde.

De vuelta al escenario principal era el turno de Jennie, que aterrizó en el Mad Cool con un espectáculo claramente inspirado en las grandes producciones estadounidenses. La puesta en escena fue impecable, con una producción muy trabajada y una estética cuidada hasta el último detalle. Sin embargo, el apartado vocal dejó algunas dudas debido al excesivo protagonismo del playback. Aunque cientos de seguidores disfrutaron intensamente de cada canción, el concierto nos dejó la sensación de quedarse algo corto en cuanto a energía y conexión con el público.

Buscando recuperar esas sensaciones, regresamos al escenario 2 para ver a Teddy Swims. Una vez más, el espacio volvió a quedarse pequeño para la expectación generada por el artista estadounidense. Además, la coincidencia con el concierto de Jennie provocó uno de los problemas más repetidos del festival: dependiendo del lugar desde el que se siguiera la actuación, el sonido procedente del escenario principal llegaba a imponerse sobre el suyo. Una circunstancia que impidió disfrutar plenamente de un concierto en el que Teddy volvió a demostrar el extraordinario potencial de su voz y una actitud cercana que conectó rápidamente con quienes consiguieron escucharlo en buenas condiciones.

Pero si había un nombre señalado en rojo en la programación del jueves, ese era Florence + The Machine. Y Florence Welch no ofreció simplemente un concierto; convirtió el escenario principal en un lugar casi mágico. Sin necesidad de grandes artificios escénicos, la británica sostuvo el espectáculo únicamente con el magnetismo de su presencia y una voz absolutamente prodigiosa. Por momentos daba la sensación de flotar sobre el escenario mientras interpretaba, con una naturalidad desarmante, algunos de los himnos más importantes de su carrera. Las más de 50.000 personas congregadas frente al escenario respondieron convirtiendo cada canción en un inmenso coro colectivo. Un final sencillamente brillante para una jornada que confirmó que el pop también puede ofrecer algunos de los momentos más emocionantes de un festival de estas dimensiones.

Viernes 10 de julio: entre el fuego de Halsey y el espectáculo total de Twenty One Pilots

El viernes llegaba una de las jornadas más esperadas del festival. Con un cartel capaz de reunir a algunas de las bandas más influyentes del rock alternativo de las últimas décadas junto a uno de los directos más espectaculares del panorama actual, el recinto comenzó a llenarse desde primera hora de la tarde. Nosotros tampoco quisimos dejar pasar la oportunidad y estábamos allí nada más abrir puertas.

La encargada de inaugurar el escenario principal fue Halsey, y la expectación era máxima. Miles de personas desafiaban el intenso calor mientras esperaban el comienzo de una actuación que no decepcionó. A medio camino entre el indie, el pop y el rock alternativo, la estadounidense dejó claro desde el primer minuto que posee una personalidad arrolladora. Su concierto fue una explosión constante de actitud, intensidad y carácter, con una presencia escénica magnética que no dio tregua. Incluso hubo tiempo para que el escenario pareciera incendiarse gracias a uno de los efectos especiales del espectáculo —todo perfectamente controlado, eso sí—, en una actuación que confirmó por qué sigue siendo una de las artistas más interesantes de su generación.

Sin movernos del escenario principal llegó el turno de Pixies. Hay bandas cuya trayectoria habla por sí sola y los estadounidenses volvieron a demostrar por qué continúan siendo una referencia imprescindible dentro del rock alternativo. Sin necesidad de reinventarse, apostaron por un repertorio repleto de clásicos interpretados con la solvencia que solo dan décadas sobre los escenarios. La respuesta del público confirmó que muchas de esas canciones siguen conservando intacta su capacidad para emocionar y hacer vibrar a varias generaciones de seguidores.

Uno de los regresos más esperados del festival era el de Kings of Leon. Tras cancelar su actuación en la pasada edición a última hora, la banda estadounidense saldó por fin su deuda con el público madrileño. Su directo volvió a rozar la perfección desde un punto de vista técnico, aunque durante buena parte del concierto se echó en falta una mayor conexión con los asistentes.

Sin embargo, hubo un momento que cambió por completo el ambiente. Mientras la banda actuaba, finalizó el partido de cuartos de final del Mundial en el que España se jugaba el pase a semifinales. Los propios Kings of Leon interrumpieron brevemente el concierto para anunciar el resultado a través de las enormes pantallas del escenario, desatando una explosión de alegría entre los asistentes. Aprovechando la euforia del momento, interpretaron «Use Somebody», una canción que habitualmente suena antes en su repertorio, pero que reservaron para celebrar la victoria. El gesto fue suficiente para que la energía del público se disparara y acompañara a la banda hasta el final de la actuación.

Pero si hubo un concierto capaz de convertir el recinto en una auténtica fiesta colectiva, ese fue el de Twenty One Pilots. Desde primeras horas de la tarde era imposible no cruzarse con decenas de seguidores caracterizados como Tyler Joseph y Josh Dun, una señal inequívoca de la enorme comunidad de fans que acompaña al dúo allá donde va. Y el concierto estuvo a la altura de semejante expectación.

Los estadounidenses firmaron una de las puestas en escena más espectaculares de todo el Mad Cool. Pirotecnia, columnas de fuego, cañones de humo, confeti y un ritmo frenético convirtieron el espectáculo en una experiencia visual tan impactante como musical. Sorprendía comprobar cómo únicamente dos personas conseguían llenar un escenario de semejantes dimensiones sin que en ningún momento se echara en falta la presencia de más músicos.

El repertorio estuvo plagado de momentos memorables: Josh Dun ascendiendo a una torre para interpretar uno de los temas desde las alturas, Tyler Joseph cantando sobre una plataforma sostenida por el propio público, la divertida invitación a un miembro del equipo de seguridad del festival para participar en los coros de una canción o la interpretación de otro de sus temas desde lo alto de la torre de sonido, rodeado por miles de asistentes. Como guinda del pastel, el dúo sorprendió con una inesperada versión de «Believe», de Cher, antes de cerrar un concierto que fue un auténtico despliegue de imaginación, espectáculo y conexión con un público absolutamente entregado.

Sábado 11 de julio: despedida clásica con Kasabian, David Byrne y Pulp

La cuarta y última jornada estuvo claramente orientada a los sonidos más clásicos. Con un cartel repleto de nombres históricos del rock y el britpop, el ambiente también fue diferente al de los días anteriores. Desde nuestra llegada al recinto llamó la atención una asistencia algo menor que en el resto del festival, algo que permitió disfrutar de los conciertos con mayor comodidad.

Los primeros en poner banda sonora a la tarde fueron The Black Crowes, que ya habían comenzado su actuación cuando accedimos al recinto. Los estadounidenses no necesitaron grandes artificios para conquistar al público. Lo suyo fue una lección de rock and roll en estado puro, apoyada en la experiencia de una banda que sabe perfectamente cómo desenvolverse sobre un escenario. Con más espacio para moverse entre el público y una atmósfera más relajada que en jornadas anteriores, el concierto resultó un excelente comienzo para despedir el festival.

El siguiente turno fue para Nick Cave & The Bad Seeds. Aunque su propuesta se aleja de nuestros gustos habituales, sería injusto no reconocer el enorme nivel de un artista capaz de convertir cada interpretación en una experiencia casi ceremonial. Con esa presencia escénica tan característica, a medio camino entre un cantante y un predicador, Nick Cave envolvió a sus seguidores en un concierto cargado de elegancia, intensidad y solemnidad. Una actuación que volvió a demostrar por qué sigue siendo una figura tan respetada dentro de la música contemporánea.

Sin embargo, nosotros decidimos cambiar de escenario para disfrutar de Kasabian, una de las actuaciones que más esperábamos del día. Los británicos volvieron a encontrarse con un problema ya repetido durante el festival: el solape con el escenario principal provocaba que, dependiendo de la ubicación, el sonido no llegara con toda la claridad deseada. Aun así, el escenario 2 registró un lleno absoluto y la banda respondió con uno de los conciertos más enérgicos de toda la jornada.

Durante catorce canciones no hubo un solo momento de respiro. La conexión entre el grupo y el público fue constante, con un vocalista que no dejó de buscar la cercanía bajando en varias ocasiones del escenario para cantar junto a las primeras filas. Allí incluso pudieron verse algunos pogos, reflejo de la intensidad que se vivía frente al escenario. El estallido definitivo llegó con «Fire», un cierre explosivo que puso el broche de oro a un concierto tremendamente disfrutable y que, sin duda, repetiríamos sin pensarlo.

Con el festival entrando en su recta final, todavía quedaban dos nombres imprescindibles. Primero fue el turno de David Byrne, que volvió a demostrar que la originalidad sigue siendo una de sus principales señas de identidad. Acompañado por una banda perfectamente sincronizada y con una puesta en escena colorida y dinámica, presidida por tres enormes pantallas, el estadounidense desplegó todo su imaginario artístico en una actuación tan peculiar como fascinante.

Y para cerrar definitivamente esta edición del Mad Cool, regresamos al escenario principal para reencontrarnos con Pulp. La mítica banda británica puso el punto final al festival con un concierto que sirvió para repasar buena parte de su trayectoria. Jarvis Cocker volvió a demostrar que conserva intacto su carisma, protagonizando numerosos momentos de complicidad y humor con el público. Aunque la asistencia no alcanzó las cifras de las jornadas precedentes, los presentes disfrutaron de un cierre cargado de nostalgia, celebrando cada uno de los grandes himnos de la banda y despidiendo el festival con una sonrisa.

Un festival que sigue creciendo

Con la última nota de Pulp se bajó el telón de una nueva edición del Mad Cool Festival, una edición que volvió a confirmar el enorme peso que el evento madrileño tiene dentro del circuito europeo de festivales. Durante cuatro días, el recinto acogió actuaciones memorables, regresos muy esperados, sorpresas inesperadas y algunos de los mejores directos del panorama internacional.

Entre los momentos más destacados quedarán la apabullante exhibición de Foo Fighters, la magia de Florence Welch, la espectacularidad de Twenty One Pilots o la inesperada aparición de Arde Bogotá bajo el nombre de Bigger Splash. También la capacidad del cartel para reunir propuestas tan diferentes como Lorde, Nick Cave, Pixies, Zara Larsson, Kings of Leon o Pulp, demostrando que la diversidad sigue siendo una de las grandes fortalezas del festival.

A nivel organizativo, el recinto volvió a ofrecer una experiencia cómoda y funcional para los asistentes, consolidando muchas de las mejoras introducidas en los últimos años. Sin embargo, todavía quedan algunos aspectos por pulir que quedan como deberes para la próxima edición. Las interferencias de sonido entre determinados escenarios volvieron a hacerse evidentes en varias franjas horarias y algunos de los principales solapes obligaron a los asistentes a tomar decisiones especialmente dolorosas entre artistas de primer nivel.

Pequeños detalles que no empañan el balance general de una edición notable, pero que sí representan el siguiente paso que debe dar un festival que aspira a seguir creciendo. Porque si algo volvió a demostrar el Mad Cool en 2026 es que, más allá de los nombres del cartel, sigue siendo un lugar donde conviven generaciones, estilos y formas muy distintas de vivir la música. Y eso, en un panorama cada vez más homogéneo, sigue siendo uno de sus mayores éxitos.

REDES SOCIALES

¡No olvides seguir al festival en sus redes sociales!

Twitter     Instagram     Facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.